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El Leganés apuesta por la experiencia de Dani Rodríguez

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Tras varios meses en una especie de tierra de nadie, Dani Rodríguez vuelve al césped con la determinación de quien necesitaba una oportunidad como algo vital. Su regreso se produce en un contexto que parece hecho a medida, ya que el Leganés le abre la puerta para reforzar el centro del campo y recuperar a un futbolista que todavía siente el juego como el primer día. A sus 37 años, el ex capitán del Mallorca insiste en que la ilusión pesa más que el desgaste acumulado, y en Butarque ha encontrado el escenario ideal para demostrarlo.

Una firma rápida, pero con mucho peso

El fichaje de Dani por el Leganés se resolvió con una rapidez poco habitual en el fútbol moderno, casi de un día para otro, algo que el propio jugador explicó sin rodeos. Mientras escuchaba ofertas y se hablaba incluso del interés de algún club de Primera con presencia en las apuestas Champions, la sensación de espera eterna empezaba a pesar demasiado.

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Lo único que quería era volver a formar parte de un equipo, competir, entrenar con un objetivo. Y eso, el Lega se lo ofreció sin rodeos. Así, aceptó el reto de incorporarse a un equipo que no está donde le gustaría en la tabla, pero que tiene aún muchas páginas por escribir esta temporada.

Así, el centrocampista gallego se suma a un equipo que atraviesa una temporada irregular, lejos de las expectativas iniciales, pero todavía con mucho recorrido por delante. Su llegada aporta experiencia, serenidad y liderazgo, cualidades que ha mostrado durante toda su carrera.

Meses difíciles lejos de los focos

El final de su etapa en el Mallorca estuvo marcado por la frustración. Un desencuentro con el técnico Jagoba Arrasate lo apartó del equipo en agosto. Desde entonces no volvió a jugar ni un minuto, aunque sí se mantuvo en dinámica de entrenamientos hasta que se oficializó su salida a finales de diciembre. Continuó entrenando con rigor, cuidando cada detalle físico, la alimentación y el descanso, con la convicción de que el momento llegaría.

Con el ‘9’ en la espalda y hambre en los ojos

Uno de los detalles que más llamó la atención en su presentación fue el dorsal elegido, el 9. Un número poco habitual para un centrocampista, que Dani asumió con naturalidad y algo de humor, recordando que no lo llevaba desde que era un niño. Más allá de la anécdota, el gesto resume bien su actitud actual, la de alguien que no da nada por hecho y quiere disfrutar cada paso del camino.

Su objetivo pasa por ser protagonista desde el primer momento. Quiere llegar al área, asistir, marcar cuando se presente la ocasión y sentirse importante en el juego. No es un recuerdo lejano para la afición pepinera, ya que en su última visita a Butarque con el Mallorca firmó el gol de la victoria. Ahora espera repetir sensaciones, esta vez defendiendo el escudo del Leganés.

¿Un fichaje para cambiar el rumbo?

El Leganés no atraviesa su mejor momento. El objetivo marcado a principio de temporada era muy distinto, verse en las quinielas de las apuestas deportivas como uno de los candidatos al ascenso a Primera, pero la realidad de la clasificación obliga a ajustar expectativas. Aun así, queda mucha Liga por delante. La Segunda es una categoría larga, igualada y traicionera, donde un par de victorias consecutivas pueden alterar por completo el panorama.

Dani llega con esa idea muy clara, aportar, empujar desde dentro y creer en la reacción del equipo. No se achanta ante el contexto y asume el reto con ambición. Porque, como recordó en su presentación, “en Leganés los sueños se cumplen”, y este fichaje, para él, también lo es.

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