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Hace algunos días, María San Gil, expresidenta del PP en el País Vasco sin filiación política en la actualidad, acompañada de la viuda de su excompañero Gregorio Ordóñez (asesinado hace 31 años por la banda terrorista ETA) se manifestaba en Leganés sin vergüenza ni absurda moderación de corrección política sobre Pedro Sánchez, ETA, Bildu, VOX, el PP y algún interesante asunto más.
Haber sido testigo de como un tipo (Txapote) le pegaba un tiro en la cabeza a tu lado a un amigo tuyo solo se perdona desde el corazón de un cristiano. Ana Iríbar, la viuda de Ordóñez, recordó que él que podía perdonar está enterrado. A Gregorio Ordóñez los que alimentan su cerebro de gilipolleces en las Redes Sociales (especialmente en TikTok) no saben, y al paso que van no sabrán nunca, quién era Ordóñez. Lo de Txapote les sonará, como dirá alguno, por la cantinela de ¡Qué te vote Txapote! Todo un derroche de formación en la historia reciente de España.
Después de años de distorsión de la realidad, la sociedad ha llegado al punto de amamantar una sociedad de imbéciles académicos
Después de años de distorsiones de la realidad en diferentes aspectos, llegando al punto de normalizar que un ser humano nacido racional de pronto se sienta cuadrúpedo irracional de distintas familias (ya sea canis lupus familiaris o felis catus) y utilice las palmas de las manos para arrastrar la escueta inteligencia que le queda por cualquier suelo; la sociedad (la española también) ha llegado al punto (esperemos que sí tenga retorno) de amamantar una generación a los que la red social TikTok está convirtiendo en gilipollas académicos.
Y la sociedad, en lugar de reaccionar con preocupación y acercar a esa generación creciente de gilipollas ocasionales a una cultura en la que poder sostenerse el resto de su vida para no convertirlos en gilipollas eternos, cambia su paradigma de preocupación y se acercar a ese submundo intelectual. Y a ese submundo intelectual de imbéciles en progresión geométrica, votantes de primera generación, acude la Política a ver como les enseñan el “camino correcto” hacia la urna. La izquierda lo intentó hace años e incluso llevó al debate político rebajar la edad de voto a 16 años. No coló, pero de paso colocaron el aborto a semejante edad sin autorización paterna.
Schopenhauer ya avisaba de que lo mejor es hacerse el tonto en la sociedad porque la superioridad intelectual genera envidias
Muy probablemente, a todos esos consumidores de basura intelectual, les interese poco o nada, que Pedro Sánchez (según explicó María San Gil) esté blanqueando a Bildu porque “no queda bien tener de socio de gobierno a unos asesinos (dixit San Gil)”. Ni saben ni les importa qué es.
La esperanza está a salvo mientras sigan editándose libros y algunos de ellos, de los jóvenes, en lugar de hacer el gesto de abajo a arriba, o de arriba a abajo, o de derecha a izquierda, con el dedo índice, en eso que en otro nuevo anglicismo que micciona sobre el castellano han dado en llamar ‘escrolear’, usen las yemas del dedo gordo y del índice para coger una página de un libro y pasarla. Si encima ya descubren que el origen inglés de esa atrocidad de palabra es ‘to scroll’ y que se utilizaba para referirse a los pergaminos que se enrollaban y desenrollaban serían un poco más felices.
La política acude también sin rubor al submundo intelectual de imbéciles en progresión geométrica que genera esa red social
Mientras su red social favorita esté sostenida en el fraude de la gratificación instantánea y eso a su vez esté basado en la estafa del algoritmo altamente personalizado la fábrica de idiotas seguirá creciendo.
Como decia Schopenhauer, lo mejor es hacerse el tonto en la sociedad porque la superioridad intelectual genera envidia en los demás, ya que valoramos la inteligencia como el rasgo que nos diferencia de los animales. ¡Pues ya estaría! Lo mejor es exactamente lo que está ocurriendo que la fábrica de gilipollas está en plena producción intensiva.













