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Francisco Egea, la historia de una superación

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UN REPORTAJE DE JUANMA ÁLAMO

Su coche empezó a dar vueltas de campana. En una de ellas salió despedido entre Griñón y Carranque. Una UVI móvil le estabilizó y le llevó al Hospital de Getafe donde se le diagnosticó “traumatismo craneoencefálico severo, traumatismo en el ojo derecho y traumatismo torácico”. Pronóstico “muy grave”. Eran las ocho de la tarde del 31 de enero de 2002. El tricampeón de Europa y subcampeón del mundo, Francisco Egea (50), entonces 38 años, se debatía entre la vida y la muerte.

Su padre fue empleado de mantenimiento de psiquiátrico. Gran parte de la familia de su madre vive en Leganés. Su hermano José Manuel es el actual portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de la ciudad. En el año 88 abrió un gimnasio en la cuidad. Otro en el 90, en este caso con su hermano. Se convirtieron en una pareja popular lejos de los tatamis por sus intervenciones en el ‘Juego de la Oca’ de Emilio Aragón, películas, show-business…

Seis años de mucha tristeza

“Pasé seis años muy malos tras el accidente. Me quitaron los espejos para que no me viera la cara, me decían que no podía ni afeitarme. Cuando la ví entré en “shock”. No me renocía. El golpe había sido muy duro. Me quedé sordo del oído derecho y con el lado derecho de la cara paralizado”. Seis años de médicos, psicologos… Y tristeza, mucha tristeza. Su vida se paró.

“Me costo mucho salir adelante. No aceptaba mi imagen. Hasta que me puse de nuevo en marcha”. Y ese día empezó una nueva historia de superación. Trabajo, entrenamiento, gimnasio. La cara comenzó a mejorar. “Los médicos del hospital de Getafe me llevaron a otro médico porque nunca pensaron que pudiese tener esa recuperación”.

El deporte le devolvió la vida

Tiene claro que todo fue “gracias al deporte. Me comencé a sentir cada vez mejor”. Así hasta que hace dos años “el maestro Ishimi me dijo que dos años después había un mundial en Mexico”. Y se inició una carrera contra el reloj, el tiempo y casi el propio destino.

Francisco Egea quería “un resultado positivo. Entrené muchísimo para ir a Monterey. Quería hacerlo bien”. Y no calló muchas, las calló todas. Hace dos semanas que este “pepinero” de adopción vivió algo que hace 14 años no era capaz ni de imaginar colgarse de nuevo una medalla de campeón, en este caso del mundo. Un galardón que compartió, por primera vez en la historia del kárate, con su hijo Víctor, que lo logró también en el mismo escenario que su padre. “Lo pasé mal, pero me superé a mí mismo”.

Francisco EgeaPadre de oro, hijo de oro

El momento más emotivo que vivió en su pelea por el oro mundial fue “cuando ya lo había conseguido y mi hijo Víctor – que también fue oro en katas en cinturón verde – se abrazó a mí”. En ese momento rompió a llorar por la catarata de emociones que recorrieron sus sentimientos. “Empecé a pensar desde el accidente hasta la fecha. A pensar en todo lo que había pasado, en todo lo vivido, en todo lo que había superado, lo que había trabajado para poder conseguirlo. Mi hijo se abrazaba a mí e intentaba explicarle que era todo lo que se me pasaba en ese momento por la cabeza. Toda esas cosas que me habían pasado. Puede que le sirva a mucha gente”.

Y eso que en el Mundial también hubo un momento crítico. “A 35 segundos de finalizar el combate, cuando le iba ganando a mi oponente, me dio una patada que no esperaba que me dejó las costillas muy tocadas. Casi no podía moverme, pero tuve que disimular. Primero para que el golpe pareciese mío y no de él. Después para que nadie se diese cuenta de lo realmente ‘jodido’ que estaba. Se trataba de terminar el combate y ser… Campeón del mundo”.

Francisco EgeaLeganés, la ciudad que vivió la elite de los hermanos Egea

La relación de Francisco y José Manuel Egea con nuestra ciudad se remonta muchos años atrás. Su padre era trabajador de mantenimiento de las instalaciones del psiquiátrico. Su madre tiene hermanos y sobrinos que aún viven en Leganés. “Cuando decidí abrir el gimnasio en el año 88 pensé que Leganés era la ciudad donde quería hacerlo”. Aquel primer gimnasio vio la luz en San Nicasio “en la mejillonería La Ría”, recuerda feliz. “Me fue estupendamente bien. Había muchísimos alumnos y conseguimos muchos cinturones negros”.

Además recuerda y reconoce que “llevamos la bandera de Leganés por todos sitios”. Fue presidente del Consejo Sectorial de Deportes y, quizás que la mayor anécdota de la época fue “que los jamones que se colgaban en la cucaña de las Fiestas en la Fuente Honda, siempre se podía ver que eran del Gimnasio Egea”.

Años después, a sus títulos se sumaron los de su hermano José Manuel, “y juntos decidimos abrir un segundo gimansio en la calle Pizarro”. La instalación “sigue abierta”, recuerda, pero ya está en otras manos. Tras vivir varios años en Leganés Norte, se marchó a Marqués de Vadillo con su pareja y su hijo.

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