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ACTUALIDAD OPINIÓN

“Una pregunta en los balcones” (A D. Tomás Mijimolle ‘in memoriam’, farmacéutico de San Nicasio – Leganés)

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Por Sergio Santiago Romero (Leganense – Vecino de San Nicasio – Director Teatral )

La solitaria peste que padecemos le arranca a la ciudad algunos retazos valiosos. He salido a la terraza como cada tarde, a recrearme en el resquicio de esperanza de los aplausos. Hoy la barandilla estaba mojada por la lluvia, que en un corto tiempo ha pasado de ser un símbolo de renacimiento a uno de disolución. Hemos sentido una inquietud en los balcones que finalmente, tras las palmas, alguien ha verbalizado: «Se han muerto don Tomás y su mujer. Del bicho este que tenemos».

Algunas figuras cobran especial relevancia en el paisaje de este pequeño planeta del barrio. Para los jóvenes que siempre hemos estado por aquí, algunos nombres son, como decía el poeta, «una calle larga que nos lleva a la infancia». Esa vereda la jalonan para mi generación, entre otros, Pedro, el del quiosco; Telja, de la papelería donde comprábamos cuadernos nuevos de inolvidable olor; Chema, el cura, paseando del brazo de una o dos señoras a las que certeramente consolaba; y don Tomás, en la farmacia, alto, elegante, amable, y siempre igual.

El «siempre igual» de esta última frase adquiere un sabor amargo cuando pensamos que lo que era de una manera, nunca más lo será. José Tomás Mijimolle —para todo San Nicasio, don Tomás— y su mujer, doña Mari Carmen, eran una institución en Leganés. Sus farmacias siempre han tenido el viejo aroma de las boticas de pueblo, donde la gente entraba por algo más que por la simple merca de trópicos.

Cada cual pasaba por allí a contar sus males, y a escuchar las recomendaciones atentas de sus empleados, como María José, sempiterna mano amiga tras el mostrador de Mendiguchía Carriche. En este panorama ejercía de maestro de ceremonias la figura espigada y deambulante de don Tomás. Cada día en una farmacia, ofreciendo su sonrisa, atento, cordial y paciente —porque hace falta mucha paciencia a veces en Leganés, como bien saben los lectores—. La ciudad ha crecido con nosotros mientras don Tomás seguía siendo el farmacéutico del barrio, lo «igual» del «siempre» en aquella frase de antes.

El «siempre igual» de esta última frase adquiere un sabor amargo cuando pensamos que lo que era de una manera, nunca más lo será. José Tomás Mijimolle —para todo San Nicasio, don Tomás— y su mujer, doña Mari Carmen, eran una institución en Leganés.

Su ausencia ha abierto una incógnita en las ventanas de mi calle. ¿Cuántas cosas dejarán de ser «iguales que siempre» después de esta peste solitaria? Por lo pronto, el suelo de las farmacias de la familia de don Tomás se ha llenado de señales para mantenernos alejados. Ya no se puede hablar en ellas, ni contar los males, ni pedir consejo. Ahora entramos de uno en uno, sin mirarnos apenas. Con un poco de suerte los dueños no alcanzaron a ver las mamparas levantándose entre nosotros, imponiendo sus protectoras distancias. La imagen les hubiera desolado.

Solo el ancho pasillo de los recuerdos sostiene ya al niño sobre cuya boca abierta se cernían don Tomás y doña Mari Carmen, con el ceño fruncido. «Tiene placas», decía el uno; «te vas a tomar esto, tres veces al día», replicaba la otra voz; «no más de tres», advertía el hombre de ojos pequeños y fugaces. Cuántas décadas de voz cuidadora ha extinguido el oleaje. Descansen en paz y que la tierra les sea leve.

Lo que nos quede de Leganés después de este naufragio, después «del bicho este que tenemos», resulta incierto y preocupante. Lo seguro es que algo quedará, y que será nuestra tarea protegerlo. Habrá que cuidarlo, como hizo tantas veces don Tomás con nosotros. Habrá que poner los restos de la ciudad en un lugar seguro, y defenderla. De todas las amenazas, las crisis económicas, de la lluvia y las pandemias. Y también del olvido, la peor peste de todas.

Nota de Redacción

Nota de la Redacción: Los Farmacéuticos de Madrid han guardado a las 12:00 del mediodía se han sumado al minuto de silencio guardado en memoria de los fallecidos por el COVID-19. La imagen que acompaña se corresponde con dicho minuto de silencio en una Farmacia de Leganés.

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