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Editorial 58 – “¿Crispación?” No toquen los bemoles

Mayo de 2011: Grupos de jóvenes deciden ‘tomar las plazas’ durante el tiempo que les pareció oportuno. Ejemplo más significativo la Puerta del Sol de Madrid.

11 de junio de 2011, Centro Cívico José Saramago. Los concejales del Partido Popular abandonan el recinto en medio de un pasillo de cafres entre gritos e insultos. Su único delito había sido ser elegidos democráticamente en las urnas.

Agosto de 2011. La Policía escolta a parte del equipo de gobierno del PP desde la Plaza Mayor hasta su caseta en el Recinto Ferial. Un concejal popular soporta a un energúmeno durante 10 minutos llamándole “Facha, hijo de puta” en la oreja derecha.

Ahora los que inventaron el ‘jarabe democrático’ para definir el acoso político llaman contra la crispación

Mandato 11-15. Un asesor del PP es agredido por un sindicalista. La delegada de personal sufre daños en su coche. El colegio donde estudiaban los hijos del edil de Seguridad Ciudadana aparece con pintadas. El coche del portavoz del grupo popular aparece arañado y con pintura negra. Todos ‘sus delitos’ habían sido formar parte del gobierno del Partido Popular en la ciudad. Y como colofón, cuando las manifestaciones iban de Los Cabezones a Plaza de España, una de ellas para en la puerta del edificio donde vivía el exalcalde del PP Jesús Gómez. Parte de los manifestantes profieren un rosario de insultos. Su hijo de corta edad se encontraba en el domicilio.

Los hechos anteriores son solo una pequeña muestra de lo que ocurrió en el periodo 11-15 solo en Leganés.

Luego ya llegó aquello de que “el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto” y la última recordable la famosa alerta antifascista de diciembre de 2018 en Andalucía. Solapada a la tan legítima como criticable investidura de Pedro Sánchez han aparecido ahora llamamientos contra la crispación de los que hablaban de ella como “jarabe democrático”. Solo parecen caber dos opciones. O es una broma de mal gusto, o es una desmemoria muy peligrosa para la higiene democrática de este país. España vive un momento delicado.

O es una broma de mal gusto, o es una desmemoria muy peligrosa para la higiene democrática

Leganés (tanto como Barcelona) forma parte de esa España en la que los habituales gobiernos de coalición en Ayuntamientos (desde el año 79) y Comunidades Autónomas (desde que debieron hacerlo) se han trasladado al Gobierno de la nación por primera vez en la restaurada democracia y desde hacía casi 90 años.

Si ese Gobierno de coalición es jarabe democrático para todos es algo que tendremos que ir viendo con el tiempo. Ahora se critican las concentraciones (por cierto, pacíficas), la dureza dialéctica de los debates e incluso la solicitud de mecanismos democráticos. Eso de que el árbitro nos guste solo cuando nos beneficia no es ni de buenos deportistas, ni de buenos políticos. Lo que desde luego no podemos permitir ningún demócrata es que los que inventaron la crispación, en todas sus versiones, vengan a darnos lecciones de nada.

Ya saben… ¿Crispación? No nos toquen los…

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