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Los familiares de otra residencia de Leganés aseguran que habrían fallecido 16 residentes del jueves al domingo

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  • Los familiares de los residentes de DOMUS-VI piden de manera desesperada “la intervención de la Administración”

  • “No tienen EPIS, no tienen test, necesitan personal…”

Los familiares de los residentes de la Residencia de Mayores DOMUS-VI (Barrio de Arroyo Culebro) han señalado a LEGANEWS que “según nuestros cálculos entre el jueves y el domingo de la semana pasada han fallecido alrededor de 16 mayores”. La estimación la hacen en virtud de los comentarios de los diferentes grupos de wasapp que comparten.

Están especialmente preocupados por la situación que están viviendo sus mayores allí.  La residencia cuenta con 180 plazas y los familiares aseguran que el “número de fallecidos durante todo el mes de marzo se acerca a los 30”. Reconocen que “a la residencia esto les está quedando grande. Tienen bastante apoyo del hospital en cuanto a médicos, pero lo que le faltan son manos para atender a los pacientes-residentes que están enfermos”.

Desbordados

Tienen la sospecha de que “el resto de residentes pueden estar desantendidos”. Aseguran que en la Residencia “no tienen EPIS, no tienen test” y temen que “dada esa falta de material puedan ir contagiándose unos a otros”.  Están convencidos de que “es una situación que se les ha ido de las manos”.

Por ello, ante la sospecha de que la situación se les haya ido de las manos, lo que piden los familiares es “la interveción de las administración pública” para que hagan un estudio de la situación y vean lo que realmente necesitan.

Contacto

La forma de contactar con las habitaciones, según denuncian a LEGANEWS, también se ha restringido. “Hasta ayer, podías hablar con los residentes que estaban más válidos a través de la centralita”. Últimamente “es imposible que te cojan el teléfono. Nos han mandado algún comunicado muy genérico”.

En uno de esos comunicados les aseguraban que “tenían algún positivo cuando nosotros ya sabíamos que había fallecidos”. Precisamente, la falta de explicaciones les hace pensar que los cerca de 30 fallecidos lo sean por COVID-19.

SOS

Su petición, en la que insisten, es “que intervenga la Consejería, hagan un estudio de la situación que tienen, analicen los protocolos que están llevando a cabo, y que manden gente y material, les manden test, les manden EPIS y les apoyen en cuanto a personal”. No se cansan de insistir en que “llevamos tiempo diciéndoles que pidan ayuda y no lo han hecho”.

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  • Buenas noches, mi padre falleció el martes 31 por la tarde en la Residencia Domusvi de Leganés. Llevaba desde el viernes con insuficiencia respiratoria, según me comentaban los médicos, pero en ningún momento se plantearon el traslado a un hospital, cosa que me extraño porque en la residencia no tienen respiradores, y le intentaban mantener con oxigenoterapia. También me sorprendió que en ningún caso le hiceran el test de detección del COVID19, me dijeron que los síntomas eran claros y que no hacia falta ninguna prueba, que lo tenía y punto, cosa que también me extraño. Solo me decían que seguían lo que les pautaba una tal “doctora Mxxx”desde el hospital Severo Ochoa de manera telefónica. Pase estos cuatro días con una gran impotencia por no poder hacer nada, y sintiendo que mi padre se estaba muriendo y con la sensación de que se podía hacer más, y además con el dolor de no poder verle ni hablar con él. LLegado el fatal desenlace la residencia el martes por la tarde me comunica su fallecimiento, por lo que pregunto, con mi gran dolor, que tengo que hacer, me preguntan si tengo seguro de decesos, a lo que les respondo que no, y me dicen que no me preocupe que ellos hablan con una funeraria que se pondrá en contacto conmigo; pregunto que van a hacer con su cuerpo hasta que vayan a recogerle, y me dicen”que lo van a dejar en una habitación porque ellos no pueden tocarlo”. Y me pregunto ¿donde está el protocolo de manejo de cadáveres, que marca sanidad? según ellos, aunque sin comprobar era coronavirus, el protocolo dice “que debe permitirse el acceso de familiares y amigos para una despedida”, a mi no me ofrecieron ver a mi padre. Pero lo mas grave es que el protocolo dice “que antes de sacar el cuerpo de la zona de aislamiento para su transporte el cadáver debe de introducirse en una bolsa sanitaria estanca y dentro de la propia habitación de aislamiento y pulverizarla con desinfectante hospitalario, una vez empacado se puede sacar sin riesgo para conservarlo en el deposito mortuorio” y me pregunto como le pusieron la bolsa, si según me dijeron no podían tocarlo, y lo más grave lo llevaron a una habitación, es decir, pasearon el virus por todas las zonas que pasaron hasta llegar a la habitación. Todo ello supone una falta y un peligro muy grave para tanto el resto de residentes como para el personal. Mi opinión personal es que las cosas en la Residencia no se están haciendo bien, el motivo no lo sé, lo que si sé es que con todo el dolor de mi corazón he perdido a mi padre y mi madre también está en la residencia y no quiero perderla también. Por favor, a quien corresponda, hagan algo para que mi madre y el resto de residentes puedan seguir en este mundo, cuidemos a nuestros mayores y a los responsables de la residencia les pediría que no oculten lo que está sucediendo y si necesitan ayuda, tanto material como personal que la pidan al exterior que no les de vergüenza hacerlo a quien sea o a quien corresponda, y sino lo hacen que lo denuncien, tendrán nuestro apoyo, el de las familias, pero por favor no dejen morir a nuestros mayores, tiene que haber soluciones para paliar este grave problema.
    Lo que esta claro es que de continuar esta situación, habrá que denunciar a los responsables y pedir responsabilidades a quien las tenga, porque de lo que estamos hablando son personas, mayores, seres queridos que quieren estar bien cuidados y atendidos.
    Siento la extensión de mi comentario, pero quería manifestar mi dolor y preocupación por lo que está sucediendo en la residencia, muchas gracias.
    Firmado, un hijo destrozado

    • Buenas tardes, mi nombre es Isabel. Soy la esposa de Javier.
      Mi suegro como muy bien relata mi marido se topó con la muerte.
      Mi suegro, tuvo que aprender la sutil diferencia que reside en sostener una mano, la de su mujer, y encadenar su alma a una residencia, pero tomó la decisión de acompañarla. De eso apenas hace tres meses.
      Mi suegra, a quien yo llamo “ Mi Emi”, está en la misma Residencia con importante deterioro cognitivo, pero fue su compañera durante toda una vida, y ante la dura y complicada decisión de seguir atendiéndola, admitió que lo mejor era recibir cuidados en uno de estos lugares. Iba a verla cuando podía, porque tanto él como ella superaban los 90 años, hasta que contempló la idea de estar junto a ella a diario, mi suegro era un nombre cultivado y con la piel curtida por los años. Sabía que su edad era muy avanzada, ir a ver a su mujer era un esfuerzo insoportable. Fue entonces cuando decidió ingresarse junto a ella “un tiempo”, decisión que tomara en diciembre del año pasado.
      Mi suegro era hombre de costumbres, leía su periódico, hacia algún crucigrama, veía las noticias en el televisor que le llevamos su hijo y yo, y todos los días pasaba ratos con mi suegra, empujaba su sillita de ruedas, y pasaba horas con ella, aunque Emilia no pudiera recordar ni quién era él. Pasábamos tardes de sábados y domingos con ellos, jugando al dominó, enseñando fotos a mi Emi para hacerla recordar, aunque fuera puntualmente, dando paseos por el parque cuando el tiempo lo permitía.
      Sus nietos, le regalaron a ambos uno de sus mejores momentos, hace apenas unas semanas, aún recuerdo el brillo en los ojos de mi suegro por saberlos allí en una de nuestras frecuentes visitas.
      En diciembre del pasado año, por una dolencia que afortunadamente logró superar, pude pasar muchas tardes del brazo de mi suegro pateándome los pasillos del Hospital de La Paz, y me transmitió en entrañables conversaciones, lo mucho que sus nietos significaban para él, por eso sé que ese brillo al verlos en la residencia, era simplemente natural y sincero. Como dice su nieto mayor, era un hombre paciente e inteligente, pero sobre todo huía de plantear preocupaciones a nadie.
      Aprendimos a construir nuestros caminos en ese presente, y mi marido aceptó que mi suegro no quisiera escuchar la posibilidad de volver a casa. Para él, el terreno del mañana era demasiado inseguro, no es fácil llevar a tus espaldas 90 años de vida, y aunque sabíamos que podía estar marchitándose en la residencia, él quería estar cerca de su mujer, con la que compartía una vida desde hace más de 65 años.
      O mi marido o yo, le llamábamos a diario al móvil que le compramos precisamente para sobrellevar la situación de tenerlos a ambos en un lugar en el que pensábamos estaban bien cuidados.
      Luego vino el estallido del impactante estado de alarma en España y sin previo aviso, el pasado 8 de marzo, se nos prohíbe la entrada a los familiares en las residencias. A partir de ahí la preocupación aumentaba por minutos y las llamadas telefónicas eran aún mas frecuentes. Mi suegro con su particular tranquilidad que le caracterizaba nos calmaba afirmando que estaban bien tanto él como su mujer, pero daba información que se contradecía con la que a base de incesantes llamadas, nos daba el escaso personal médico de la residencia, la mayoría de las veces solo era una auxiliar de control quien nos daba un parte sobre la situación. Nos decíais que todo estaba controlado. Nos mentíais una y otra vez, porque mi suegro empezó a dar claras señales de vías respiratorias afectadas en las conversaciones telefónicas, a pesar de ello nos decía que se desplazaba libremente por toda la residencia, visitando a su mujer en la segunda planta. Siempre nos hablaba de ella, pues sin dudarlo ni un instante, era la única razón que le mantenía en ese lugar.
      De un día a otro, mi suegro dejó de atender las llamadas, y entramos en pánico, llamamos y llamamos, así hasta un total de 48 veces en una sola mañana, y cuando pudimos hablar una vez mas con la auxiliar de control, nos refiere que mi suegro está en la habitación tranquilamente, y que por decisión propia no quiere atender nuestras llamadas.
      ¿Creéis que podéis jugar así con nosotros ?, porque el juego pasaba por jugar con el sufrimiento humano. Mi suegro jamás dejaría de atender nuestras llamadas, junto a su mujer, nosotros y sus nietos, era lo único que tenía y tanto para nosotros como para él, esas llamadas eran algo más que necesarias.
      Pasaban los días y el pánico pasó a ser desesperación porque mi suegro seguía sin contestar, hasta que el 27 de marzo, nos llamáis para decirnos que está en una cama, con dificultad respiratoria, con oxigenoterapia, con morfina y con tratamientos experimentales pautados por esa doctora del Hospital severo Ochoa que esta redacción ha tenido que inscribir con “xxx” para no tener problemas con la carta que mi marido no ha escrito con tinta, sino con lágrimas.
      Nos quitasteis lo único que teníamos, tiempo para ir de inmediato a sacar a nuestro suegro de esa residencia, a salvarle de vosotros, porque se lo ha llevado un maldito virus, pero vosotros nos habéis impedido salvarle.
      No nos disteis ni la oportunidad de cruzar unas palabras con él a través de un teléfono, cada día recibíamos vuestra apresurada llamada, porque referíais tener muchas llamadas que hacer, para decirnos que mi suegro se apagaba poco a poco. Y nos decíais que estabais desbordados. Tendremos que gestionar sin saber cómo, que no contemplarais la posibilidad de acercárnosle al teléfono para que su hijo le dijera cuanto le quería. Solo disteis partes médicos que mi marido apenas entendía, él solo quería oírle.
      Algún día, y lo haremos con fuerza todos los familiares, pues por desgracia sabemos gracias a la intervención de UME y fuerzas de seguridad del país, que no somos los únicos, algún día, os haremos saber lo que habéis fracturado con vuestras mentiras, lo que nos habéis arrebatado.
      Cualquier reflexión ahora no puede olvidar el objetivo principal de tratar de reforzar el cumplimiento por todos, de las medidas adoptadas a distintos niveles por las autoridades sanitarias para afrontar la terrible situación del mundo, pero en un futuro que espero no sea muy remoto, haremos saber lo que ha sucedido en estas residencias. Entregaremos a quien corresponda, todas las grabaciones que se hicieron de todas vuestras mentiras y las ultimas conversaciones con mi suegro, en las que, a pesar de la situación de cierre hermético, nos apuntaba datos escalofriantes sobre lo que allí estaba ocurriendo, en cuanto a la libertad de movimiento de los residentes.
      Ahora a 2 de abril, nos enfrentamos a despedirle, le enterramos en la peor de las condiciones en su pueblo natal, un lugar donde le querían y le conocían, tocaran las campanas en su honor, pero solo podrá ir mi marido. La prohibición de los velatorios por el coronavirus nos obliga a gestionar el luto de una forma desgarradora. Solo él podrá intuir que tras ese frio ataúd está quien le trajo al mundo, quien arriesgo su vida solo por acompañar a la que fue su mujer toda una vida, quien perdió la batalla sin dársele la oportunidad de pedirnos ayuda. Sus 91 años y su extrema personalidad de no preocupar a nadie, junto a vuestro silencio, vuestro encubrimiento de la verdadera situación, le llevaron a la muerte, la mas fría que se pueda tener, porque su cuerpo lleva desde el pasado martes, en una fría bolsa esperando a volver a la tierra que le vio nacer.
      A este insoportable dolor, se suma que mi Emi, mi suegra, continúa en vuestras manos, ella no puede expresarse, la maldita demencia de Alzheimer se lo arrebató, no puede pedir ayuda y solo tenemos una fría video-conferencia de menos de un minuto en la que no la mostráis en una cama, sin camisón, con imagen de abandono completo, pero eso sí, asegurándonos que está bien. ¿ De verdad creéis que vuestros juicios tienen ya un criterio para nosotros?. Nos pilla derrumbados, desolados, vacíos de colera porque tanta y en tan poco tiempo, nos ha sumido en la mas oscura de las sombras, y necesitamos las pocas fuerzas que nos quedan, para enterrar a mi suegro. Son muchos años los que llevo con mi querido marido para saber que en cuanto nuestras fuerzas puedan aflorar, por poco que sean, las destinaremos para tratar de asegurarnos que todos los movimientos que estáis haciendo en la complicidad de no tener que enfrentaros a los familiares, por tener las puertas cerradas, estén en la línea de proteger a los que aún viven bajo vuestras instalaciones, entre ellos, mi Emi.
      Soy Psicóloga de profesión y sé que no poder decir adiós a un ser querido, transforma por completo la experiencia del duelo, nuestra sociedad ya es bastante intolerante con las emociones negativas y solemos tender a reprimir algunas como la ira, la ansiedad o la tristeza, pero la ceremonia del velatorio supone la excepción que nos permita derramar, sacar afuera tanto dolor, permitiendo que expresemos todo lo que sentimos sin que nadie lo minimice. Esto también se nos arrebata, pero la memoria, a diferencia del como el Alzheimer se la quitó a mi suegra, la mantenemos intacta y sabemos con exactitud quien en realidad nos arrebató a nuestro suegro.
      Sé que para sus nietos, para su hijo y para mí, , la única forma de superar el duelo es atravesándolo . Afortunadamente mi suegra no es capaz de saber lo que está ocurriendo a su alrededor, y no tendrá que enfrentarse a este duelo.
      Daniel;
      Tus nietos, tu hijo y yo y sobre todo tu mujer, aunque ella ya no pueda recordarlo, te damos el último adiós. Nos quedamos como equilibristas emocionales, para balancearnos entre conectar con el dolor y negar lo que ha sucedido, quizá porque el dolor es insoportable.
      Esta gran residencia Domus vi de Leganés que tanto presume de cuidar de nuestros mayores, nos mintieron una y otra vez, con tu mujer, te prometemos, no lo harán.
      Descansa en Paz Daniel.

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