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Salustiano Toribio: 100 años de la historia de Leganés

Mira con compansión, habla con la serenidad de haber vivido intensamente todos y cada uno de los 100 años que dice su carnet de identidad y, además, recuerda y cuenta con detalle. Deposita las gafas que usa desde sólo hace seis años y reconoce que en el mediodía ya ha dado su paseo de más de una hora y ha leído, como todos los días su periódico.

Sentarse enfrente de una persona centenaria no es algo que suceda mucho en la vida y, por lógica, la primera duda es saber como alcanza uno semejante cifra. Ofrece la fórmula: “estar bien contigo y si viene alguien a enturbiar, decirle que se ha equivocado de ventanilla”.

“La fórmula es estar bien contigo y si te enturbian… a otra ventanilla”

Historia viva

Para sus amigos siempre fue ‘Salus’, para José, Pablo y Ángel es ‘papá’ y para LEGANEWS es la historia viva de nuestra ciudad. En éste y en números siguientes de nuestro periódico recorreremos el paso de los últimos 100 años de Leganés al lado de una persona que es capaz de recordar hasta el tiempo que hacía el 12 de diciembre del 46, el día que se caso: “Mucha niebla, era diciembre”.

Todos los momentos que asoman en sus palabras han pasado por su memoria donde se han adornado de detalles. Por eso nos sorprende con el recuerdo del Leganés de aquellos tiempos de su boda: “Me casé en diciembre porque en verano había que trabajar, no se podía perder un solo día por las huertas. El campo era así de exigente”.

Siete hermanos

Nació en Leganés, en la calle Hospital (hoy Juan Muñoz) un 16 de octubre de 1914, en una familia que acabaría siendo de siete hermanos. Pronto, muy pronto, perdió a su padre: ‘Salus’ tenía sólo ocho años.Y uno después comenzó a trabajar en una de las casas leganenses de entonces. “Era en la calle Ordóñez, enfrente de donde hoy está el Día. Hacía de todo, daba de comer a los cochinos, barría, les llevaba agua desde la Fuenta Honda. Además vendía churros en una churrería de la Plaza París, que luego fue la barbería de Félix Figueira”.

Nos incluye en un túnel del tiempo en el que nos traslada al Leganés de los años 20 del siglo pasado. Un pueblo muy distinto al que todos conocemos hoy. “Eramos cuatro o cinco mil vecinos. Todos íbamos al mismo baile, a la misma tienda. Casi casi, que nos conocíamos todos”. Una localidad que, aunque cueste creerlo, terminaba en lo que hoy es Juan Muñoz. Su paso por el colegio fue muy breve porque con esa edad ya lo había abandonado, pero recuerda a “Don Celedonio, que cuando se murió, llegó al colegio su sustituto, Don Santos”.

Hortelano

Con 16 años, el dueño de la casa en la que trabajaba decidió por él y entendió que el sitio de ‘Salus’ estaba en las huertas de Leganés, huertas que se repartían por el Camino de Villaverde, Zarzaquemada y San Nicasio. “Y lo estuvo toda la vida, hasta que con 66 años llegó el momento de jubilarme. Quería vivir. Mi jefe me dijo que aguantara, pero yo quería vivir”. Recuerda aquel pueblo “de hortelanos que se convirtió en la despensa de Madrid hasta finales de los 60. Todo eran huertas. Se cultivaba de todo: acelgas, cebollas, puerros, remolacha, lechuga, repollo, coliflor, escarola.. Y hasta cardos en invierno”.

Tras la experiencia de la Guerra Civil (que contaremos próximamente), volvió a nuestra ciudad y su jefe decidió hacerle encargado. “La gente le envidaba y le decían a mi jefe que qué suerte había tenido conmigo, que se podía ir de vacaciones”.

La llegada del ladrillo

Cuando cree que lo está haciendo es tirarse flores recuerda que no es bueno y rememora aquellos decenios (40, 50 y 60) del desarrollo de Leganés, en los que “el ladrillo fue echando a los hortelanos del campo y mandándolos a las fábricas”. Fue el momento en el que por un problema de salud cambio su casa de la calle del Charco a la actual y poco tiempo después vio como comenzaban a aparecer los primeros pisos en San Nicasio. “No existía ni el barrio de El Candil, ni La Fortuna, ni Los Frailes. Todo eso llegó después, como los pisos de San Nicasio, que acabaron con las huertas, y, después, Zarzaquemada”.

“El ladrillo fue echando poco a poco a los hortelanos del campo hacia las fábricas”

De aquellos años trae a nuestra memoria el pulso que le ganaron a la poderosa iglesia: “Don Emiliano, el cura de entonces, quiso poner una misa a las seis de la mañana para que fuesen los hortelanos y luego nos fuésemos a trabajar. Le dije a mi jefe que como hiciesen eso, ahí se quedaba. Finalmente no hubo misa”.

Pero poco tiempo después, lo que no había conseguido la Iglesia lo consiguió el fútbol. “El Leganés dejó de jugar por la tarde y comenzó a hacerlo por la mañana y los hortelanos, que no habían ido a misa, si iban al fútbol. Por eso la gente decía que lo que no había logrado la Iglesia sí lo consiguió el Leganés”. Gracias a Don Salustiano podemos escribir las historias de nuestra ciudad. (CONTINUARA…).

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