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Conductor de autobús en Leganés… pasando por La Cubierta, una profesión de riesgo al amanecer

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  • Una de las líneas de autobuses interurbanos de la ciudad de Leganés sufre las borracheras de los fines de semana en las primeras horas en las que presta el servicio

  • “Es verdad que vas con miedo por el tema de cuántos subirán, cómo van a subir, si van a pagar o no van a pagar”

  • “Algunas veces he parado el bus para que alguno sacase la cabeza y cuando llegas a su parada te lo agradecen”

Tanto los conductores como los pasajeros tienen miedo a lo que se van a encontrar”, así narra a LEGANEWS un conductor de una línea interurbana de Leganés lo que se siente al coger el bus a primera hora de la mañana en el fin de semana. El problema, sobre todo los sábados, es que muchas de las personas que se suben a la línea, tras estar de fiesta, lo hacen dando voces y sin respetar al resto de pasajeros que se encuentran dentro. “Van con su música a todo volumen, cantando, pegando botes. De vez en cuando tienes que parar el autobús”.

Además de subirse en pésimas condiciones, algunos de ellos llevan botellas de alcohol escondidas en los bolsos o en las chaquetas. “En un autobús está terminantemente prohibido subir con botellas y consumir alcohol en su interior. Algunas veces les dices que las botellas no pueden llevarlas y las guardan y no hay ningún problema, incluso te la enseñan cuando se bajan del bus. Luego hay otros que no la guardan y te replican”.

Fumar ‘de todo’

A parte de las botellas, entra en juego el tema del tabaco y de las sustancias estupefacientes. Este conductor cuenta como uno de sus compañeros llevaba un autobús lleno de humo porque uno de los chicos que se encontraba en el interior se puso a consumir hachís.

Por otro lado, los conductores no pueden prohibir la entrada a la gente ebria o drogada. “Cuando vienen con el bono transporte es un derecho, la obligación de la empresa es dejarles acceder al autobús. Cuando vienen ebrios hay un artículo que dice que las personas que se encuentran en esta situación no suban al autobús. Lo que ocurre es que cuando suben lo hacen todos en tropel y tu obligación es que paguen el billete pero muchas veces alguno se te escapa”.

Seguridad

La solución a este tipo de problemas sería poner algún tipo de seguridad, como en el metro. Bastaría con un par de horas en el primer servicio de la mañana ya que “el bus del sábado suele ser más conflictivo. Los dos coches siguientes también se encuentran con algún problema pero no es tanto como en el primero porque la gente está esperándolo para salir deprisa y es cuando vienen en peores situaciones”.

Antiguamente, en una de las paradas en  las que se suben estos pasajeros, “ponían policías, un coche patrulla, para controlar”. En ese momento la gente accedía al bus tranquilamente pero, en algunos casos, tras perder de vista a los policías y comprobar que no había más, volvían a su fiesta.

Y ahí se encuentra el problema de los conductores. A pesar de ser la autoridad dentro del autobús, “no tenemos la misma autoridad que tiene la policía”.

Historias que se repiten todos los fines de semana

Historias y cosas curiosas que suceden en el recorrido de la línea vienen desde amenazas hasta encontrar algún que otro objeto. Como anécdota de lo último, el conductor contó que en un nocturno se llegó a encontrar un objeto para adultos. “Tal y como me lo encontré lo tiré a la basura”.

También cuenta como en Zarzaquemada tuvo que parar el vehículo. Comenzaron a insultarle y a decirle que bajara del bus porque le iban a pegar. En ese momento, dentro de su habitáculo, les dijo “hay dos opciones, que venga la policía o que yo me encabrone del todo”. Una vez se calmaron, el conductor siguió su recorrido hasta llegar al final donde los pasajeros se disculparon por las formas.

Protección a mujer

Otra situación que vivió fue con una chica. Esta se le acercó para comentarle si podía quedarse con él porque un hombre le miraba de forma lasciva. “Le dije que no se preocupase que, cuando llegase a su parada, si se bajaba tras ella se subía conmigo otra vez hasta la cabecera y luego volvía otra vez o llamábamos a la policía y yo no me movía de allí hasta que llegasen”.

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