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FIRMA 30: “Las sociedades avanzan cambiando: sobre la Ley de Memoria Histórica en Leganés”

Por ADRIÁN SÁNCHEZ (Historiador y exconcejal de Leganemos en el Ayto. de Leganés)

 A veces, lo simbólico encierra mucho más de lo que parece. En nuestro país, hay gente interesada en que las leyes laborales no cambien, que siga habiendo contratos por horas, sueldos miserables y jornadas agotadoras.

Hay gente interesada en que no se invierta más en sanidad pública, manteniendo camas cerradas y listas de espera larguísimas. En que no se contraten más maestros para nuestros colegios públicos, más profesionales para los servicios sociales o más inspectores de hacienda para que no se defraude. En que no haya transparencia para que algunos se hagan de oro con la corrupción.

Intereses

Hay gente interesada en que no cambien las cosas para evitar que haya desahucios, que tengamos vecinos y vecinas que no pueden poner la calefacción en invierno o que las calles de nuestra ciudad estén cada día más sucias. Hay gente interesada en que nada cambie porque a sus intereses les va muy bien así. Pero a la mayoría no.

Curiosamente, suele ser la misma gente interesada en que no se cambien aspectos simbólicos que, como vemos, encierran mucho más. Símbolos y menciones que, al pasear por nuestras calles, nos hacen pensar qué sentiría un judío víctima del Holocausto si tuviese que cruzar la Avenida Heinrich Himmler en una ciudad de Alemania.

Anna Frank

O qué sentirían los familiares de la pequeña Anna Frank, si en Holanda hubiese una calle dedicada al comandante del campo de concentración de Bergen-Belsen, donde fue asesinada esta niña. Afortunadamente, en Europa es impensable que se den ese tipo de situaciones, porque tuvieron la madurez y el sentido común suficientes para cambiar las cosas.

Curiosamente, suele ser la misma gente que exige constantemente “que se cumpla la Ley” la que hace todo lo posible para que la Ley de Memoria Histórica lleve la friolera de diez años sin cumplirse en nuestra ciudad.

Porque sigue habiendo nueve calles y plazas que homenajean impunemente a quienes –guiados por los mismos intereses de quienes ahora les defienden, ¡qué casualidad!– impusieron una Dictadura de 40 años. Cuatro militares golpistas y cinco alcaldes franquistas a quienes nadie votó: capitán Cortés, capitán Muro Durán, general Aranda, teniente general Muslera, Mendiguchía Carriche, Martín-Vegué, Del Yerro Alonso, Gómez Casado y Moreno Menéndez.

Los argumentos

La Ley de Memoria Histórica, en su artículo 15, deja claro que los únicos tres criterios para retirar el nombre de calles son: a) exaltación de la sublevación militar; b) exaltación de la Guerra Civil; c) exaltación de la represión de la Dictadura.

Con abrir cualquier libro de Historia, es fácil comprobar como el general Aranda lideró la sublevación en Oviedo o el capitán Cortés hizo lo propio en Jaén. Pero para cumplir una ley no hace falta hacer una tesis doctoral. Basta con acudir a los acuerdos y actas del Ayuntamiento que pusieron los nombres de esas nueve calles y encumbraron a sus protagonistas, para comprobar si incurren en alguno de esos tres criterios.

Las calles

Y todos lo hacen: la travesía de París se renombra “general Aranda” en plena Guerra Civil (1937), apenas un año después del golpe, y en el contexto del cambio de calles para homenajear al propio Franco o a José Antonio Primo de Rivera.

La calle Costanilla de Tovares se renombra “capitán Muro Durán” en 1950 porque, como dicen las actas del Ayuntamiento, “conviene sustituir en armonía con nuestro Glorioso Alzamiento Nacional y con el fin de perpetuar la memoria de los mártires de este pueblo y de aquellos otros que más gloriosamente se distinguieron en nuestra pasada guerra de liberación”.

La calle Torrubia se renombra “teniente general Muslera” en 1972 para homenajear a un militar en cuya hoja de servicios podemos leer al detalle su participación en el golpe de Estado en Melilla y su implicación en la “Columna de la Muerte” de Yagüe, de cuyo paso por cientos de pueblos de Andalucía, Extremadura y Toledo seguro que muchos vecinos y vecinas de Leganés guardan un negro recuerdo.

La plaza sita junto al cuartel de la Guardia Civil se nombra “capitán Cortés” porque en cientos de pueblos de España (que ya la han quitado) la Dictadura pretende homenajear a su “héroe de Santa María de la Cabeza”. Y eso que el propio Pleno aprobó renombrarla como “plaza de la Ciudadanía” hace más de diez años. Pero ya se sabe que lo que aprueba el Pleno…

Los alcaldes

Lo que posiblemente mucha gente no sabe es que Aurelio Mendiguchía Carriche, además de médico, es el alcalde impuesto por los militares sublevados cuando toman Leganés el 4 de noviembre de 1936. Que, como recogen las actas del Ayuntamiento, cuando toma posesión expresa “frases de esaltado [sic] patriotismo y adhesión al movimiento salvador de España iniciado por el Ejército y secundado por los verdaderos amantes de nuestra España”. O que firma informes para llevar al paredón al primer alcalde democrático que tuvo Leganés (Pedro González) y a su primer teniente de alcalde (Mariano Mayoral). Contra Mayoral –el fundador del PSOE en Leganés–, y otras víctimas de la Dictadura que fueron asesinadas, encarceladas o enviadas al destierro, también firma informes otro alcalde que, además de médico, fue el Jefe Local de la Falange: Antonio Martín-Vegué. Un alcalde que cuando fue nombrado terminó su discurso “dando a continuación los vivas al Caudillo y Arriba España que fueron contestados unánimemente por todos los concurrentes”, como podemos leer en las actas del Ayuntamiento.

Alcaldes impuestos antidemocráticamente, nombrados por el gobernador civil de turno de la Dictadura, usurpando los derechos fundamentales al sufragio y la participación política, en un aspecto evidente de represión de la Dictadura: impedir por la fuerza que los vecinos y vecinas de Leganés podamos decidir en las urnas quien es nuestro alcalde o alcaldesa.

Como Saturnino del Yerro, Manuel Gómez o Francisco Moreno, con calles a su nombre en Arroyo Culebro dedicadas en plena democracia. Quién sabe si porque algún “Felipe González” de Leganés pensaba que el siguiente alcalde en tener calle a su nombre sería él. Qué pensaría Mariano Mayoral al ver semejante esperpento.

Los que no quieren que nada cambie

Curiosamente, suele ser la misma gente interesada en que nada cambie quienes invocan la Transición a la democracia. Sin embargo, en aquella época, el primer Ayuntamiento democrático de la ciudad no cambió nueve, como debe hacer ahora, sino nada más y nada menos que 29 calles.

Entonces, nada impidió hacer ese cambio y a la vez abordar temas importantes como construir ambulatorios, colegios e institutos, mejorar el transporte o luchar por el gran hospital público que hoy tenemos. Entonces –como pasaría ahora– apenas hubo molestias para el vecindario ni gastos relevantes, porque simplemente se trata de cambiar unas placas y comunicar el cambio a Correos y al Catastro.

En el fondo, hay poca gente interesada en que nada cambie y muchos argumentos sólidos para cambiar. Las sociedades avanzan cambiando: tengamos calles, plazas y avenidas a la altura de la dignidad que se merece Leganés. Una ciudad europea. Una ciudad del siglo XXI. Una ciudad sin homenajes a la Dictadura y a quienes la hicieron posible.

1 Comentario

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Estoy de acuerdo

  • gracias, adrián, de nuevo por una lección de historia que muchos de leganés no conociamos, y personalmente, también por tu dignidad politica,siendo capaz de anteponer las ideas al sillón que tanto se busca ultimamente

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