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Salustiano Toribio
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Salustiano Toribio (2) “¡Fascitas! ¡Rojillos! La que hemos liado por creer unos en Dios y los otros no”

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Salustiano Toribio

Cien años de la historia de Leganés (2) – LA GUERRA CIVIL

Era un 4 de noviembre del año 1936. “Aquel día empezó la guerra para mí” -asegura-. Durante todo el tiempo que recordó el conflicto español del siglo pasado junto a LEGANEWS lo hizo sin asomar un hilo de rencor en sus palabras. Y no lo pasaron precisamente bien algunos de los que más ha querido en su vida, como fue el caso de algún familiar directo de Elvira (su mujer).

Tuvo que marcharse de la ciudad que le habia visto nacer y en la que vivía desde entonces y llevarse a parte de su familia a Madrid. Trae rápidamente a la conversación donde se encontraba el Ayuntamiento de Leganés en la capital: “en la calle Antonio Maura, detrás de Cibeles. Le solicité al Ayuntamiento irnos a vivir y nos fuimos al 95 de la calle Alcalá. En Madrid me puse a trabajar, en unas escombreras de Tetuán, donde vendía el carbón quemado y nos buscaban a los de Leganés la gente de todo Madrid. Por cada lata sacaba una peseta. Vendí mucha carbonilla”.

Sin embargo, el estar alejado del frente le iba a durar poco. Llegó la hora de la llamada a filas. “No se podía andar por Madrid porque te echaban mano y no acreditabas la misión que tenías rápidamente te tomaban por prófugo”. ‘Salus’ que se había escapado del ejército por ser excedente de cupo, de pronto decidió incorporarse antes de que la República le tomara por prófugo.

31 Brigada, segundo batallón, segunda compañía, a las órdenes del Jefe de Brigada Tagueña. En febrero del 37 se incorporó en Las Rozas, de ahí a Las Matas, desde donde pasaron a la Sierra de Madrid, en el puerto de Cotos, en Cercedilla “que era lo que vigilábamos”, desde donde pasaron a El Molar para irse al frente de Alcañiz.

Sorprende verle recordar con una sonrisa una escena que podría haber parodiado el mismísimo Gila. “Nos decíamos los unos a los otros: ¡Rojillos! ¡Fascistas! La que hemos liado unos por creer en Dios y otros por no creer”. Pero más sorprende aún cuando reconoce que “había momentos en los que hacíamos paz para intercambiar papel por tabaco. Nosotros teníamos papelillos y ellos tenían tabaco, y era la única manera de que fumásemos los dos”. Poco tiempo después les prohibieron esta práctica.

Y llegó la batalla del Ebro y escuchado de su boca todo parece diferente. “Fue la ofensiva de las fuerzas de la República, durante dos meses y medio o tres atacando a las fuerzas de Franco. Avanzamos 200 metros, pero luego nos pegaron que volvimos para acá pies para que os quiero”. Del recuerdo salta a la tristeza de recordar que “falleció mucha gente”.

Después del frente llegaron muchos de esos momentos que la memoria colectiva parece haber olvidado: un campo de refugiados/concentración en Francia (Argeles-Sur-Mer). Según sus propias palabras “era como la huída o la escapada de un ejercito vencido. Nos trataron peor que mal. Llegaba gente de todos los tipos: civiles, matrimonios, gente de Barcelona huyendo de las fuerzas de Franco. Durante un tiempo estuvimos todos revueltos, familiares, padres, mujeres con hijos”.

Acabada la Guerra Civil, sus hermanos y su madre volvieron a Leganés. Salus estaba en aquel campo de Francia, pero su devenir por las consecuencias de la Guerra no terminarían allí. “Nos dieron la posibilidad de quedarnos en Francia, pero había gente que me aconsejaba bien. No había muerto en la Guerra en España y no quería irme a lo que parecía que se venía encima, la Guerra en Europa”.

Y por fin llegó el momento de volver a España, pero… “me trajeron a otro campo de trabajo en Cervera (Lérida), de allí a un batallón de trabajadores en Martorell (Barcelona) para llevarnos después como a ganado en un tren de mercancías a San Juan de las Abadesas (Gerona). Allí nos decían que íbamos  a arreglar los puentes y las carreteras que había destrozado la aviación roja”.

Y, por fin, en diciembre del 39, aquel compañero canario le dijo: “¡Toribio, ven ‘pacá’! Te traigo la libertad. No se lo digas a nadie. Se la voy a dar al jefe y de aquí a nada te llaman”. Al día siguiente la diana fue floreada para los que tenían la ansiada libertad. La Guerra, por fin, había terminado para Salus. Empezaba la vuelta a casa. Y la posguerra en la que logró el respeto de todos.

Salustiano Toribio

El relato de su permanencia en la Guerra Civil 

Salustiano guarda como oro en paño un escrito que debió hacer para justificar como fue su presencia en el conflicto bélico español. En el documento tiene apuntado quienes fueron sus mandos, al servicio de quién estuvo, cuándo se incorporó al frente y dónde y cuáles fueron los diferentes hechos que le fueron sucediendo desde el momento que se incorporó al Frente hasta que, tal y como dice en la última frase del mismo texto “cuando le llegó la libertad”. El documento es el resumen escueto, prácticamente sin emociones, de todo lo que se relata en estas páginas después de una larga conversación con uno de los leganenses que, no solo estuvo en la Guerra Civil, si no que la recuerda con todo lujo de detalles. Y lo hace sin rencor alguno.

“La cama era el suelo y el techo era el cielo”

Oírle recordar el tiempo que pasó en aquel campo de refugiados/concentración en Francia es recordar el lado más oscuro y triste de los que padecieron las consecuencias de un conflicto que ni les iba ni les venía: “Nos llevaron al lado del mar. Era como una huída y no puedo decir una sola palabra buena del tiempo que pasamos en Argeles-Sur-Mer. La arena del suelo era nuestra cama y el cielo era el techo. Dormíamos al aire libre, bebíamos agua del mar. Claro que enfermamos y mucho de colitis. Tardaron muchísimo tiempo en  hacer los barracones y al día siguiente de hacerlos nos levantaron con un toque de corneta para ver si queríamos quedarnos en Francia o volver a España”.

En el autobús de vuelta a Leganés, tras la guerra, ya tuvo un aviso

El 15 de diciembre del 39 cogió un autobús en Plaza Mayor para volver a Leganés. Una señora, tras reconocerle y saber de donde venía le dijo “cuando lleguemos a Leganés nos bajamos del autobús y a quien te salude, le saludas, pero tú no digas nada”. A los que llegaban a nuestra ciudad después de la guerra los recibían al grito de ¡Rojos! porque la ciudad había quedado en el lado nacional y no habia ‘quien les tosiera’ a los que tenían el poder. Tuvo que ir, con su libertad en el bolsillo, a todos los centros oficiales (Ayuntamiento, Guardia Civil, sede de Falange). Todas las “trampas” las superó con nota porque su vida ha llegado, al menos, hasta ahora.

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