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Historias compartidas (11): “Mi experiencia con el ‘bicho’… ¡Sigamos luchando!” Por Jesús Troyano

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  • Esta historia no tendría ningún sentido si no fuera en agradecimiento al personal sanitario que lucha por salvar vidas, en especial a los del Hospital Severo Ochoa, del Hospital Santa Cristina y de los distintos centros de salud de Leganés, así como recordar a los que, desgraciadamente, nos han dejado

La forma de vivir en España durante el estado de alarma y la cuarentena está cambiando. Mayores y pequeños se están acostumbrando a vivir bajo unas recomendaciones y, según dicen, nuestra vida nunca volverá a ser la misma tras este ‘bicho’.

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El 13 de marzo, un día antes de que el Gobierno declarase el estado de alarma, comencé a padecer claros síntomas del coronavirus que día tras día se hacía más hueco en los diferentes medios de comunicación. Fiebre alta, malestar corporal o la tos eran los síntomas con los que fui tratando. Tuve que aislarme en una habitación inmediatamente, por la seguridad y la salud de mi familia, cambiando todos y cada uno de los hábitos de mi vida, hasta que, el 17 de marzo, desde el Centro de Salud me recomendaron a acudir a urgencias para realizar ‘una placa’ que reflejó una neumonía más que compatible con el Covid-19.

Las sillas y los sillones

Inmediatamente y bajo el consejo médico, acudí una abarrotadísima planta de Urgencias en el ‘Severo’ donde, en honor a la verdad, descubrí de verdad qué era y el daño que nos podía hacer este ‘bicho’ al que algunos jóvenes y muchas personas de avanzada edad se tenían que enfrentar sentados en una silla o un sillón en los pasillos del Hospital de Leganés. Con el paso de las horas, además, se iba palpando cada vez más tensión en celadores, médicos y enfermeros, que veían como, a pesar de su esfuerzo, seguía y seguía llegando gente de la misma forma que pasaban las horas.

La madrugada del 19 de marzo llegó la noticia en forma de susurro por parte de una enfermera: “Jesús, vengo a decirte que tu resultado de la prueba del coronavirus ha salido positivo, pero no te preocupes, que todo va a salir bien”. La sensación de miedo ante algo desconocido te llena de incertidumbre y deja un rastro frío en el cuerpo que contrasta con el ejercicio de la mente, que no deja de pensar en lo que puede ocurrirte.

La derivación

Sin embargo, esa no iba a ser la peor noticia de ese Día de San José, pues tras la llegada del médico a una de las zonas habilitadas para los ‘pacientes leves’ con coronavirus en el Hospital, me anunció que debía permanecer ingresado en un centro hospitalario por control pero que, sin embargo, en el Hospital Severo Ochoa ya estaban comenzando a derivar pacientes a otros centros (aún no se encontraba a pleno rendimiento el Hospital de campaña de IFEMA), en este caso, al Hospital Santa Cristina, en Madrid.

La estampa tras la llegada a la que sería ‘mi casa’ durante una semana fue completamente diferente a la que me dejaba atrás en Leganés. En el Hospital madrileño (por su característica) ya se encontraban preparando (que no preparados, ante la escasez de material) la llegada de enfermos a toda una planta, algo que impresionaba al recordar días más tarde el estado inicial de aquel lugar y cómo se encontraba abarrotado apenas unas horas después.

“Todo va a ir mejor”

Los días fueron pasando, con mejoría clínica gracias a todas esas enfermeras de grandes gafas, guantes, mascarilla y batas, que apenas te permitía identificar el rostro de cada una de ellas y que intentaban mantener la complicidad con los distintos enfermos para hacer de una situación espantosa, como la que está viviendo el país, a algo ciertamente llevadero repitiendo eso de que “poco a poco, todo va a ir mejor”.

El día 26 de marzo, y sin nada que celebrar, el Doctor acudió como cada día a la habitación dando la noticia esperada. Vuelta a casa, con vuelta al aislamiento inicial, pero, al fin y al cabo, vuelta a casa. Desde aquel momento, la realidad te inunda a través de todos los canales de información, que te despierta después de un ‘parón’ y que te abofetea según pasan los días a pesar de conseguir de forma individual a ese ‘bicho’ que tanta tristeza está dejando en el mundo entero.

Esta historia no tendría ningún sentido si no fuera en agradecimiento al personal sanitario que lucha por salvar vidas, en especial a los del Hospital Severo Ochoa, del Hospital Santa Cristina y de los distintos centros de salud de Leganés, así como recordar a los que, desgraciadamente, nos han dejado.

Sigamos luchando.

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